Masticándome el alma

Viernes 18 de agosto.

Un día de invierno en Tigre, pero el público de Iorio sabe que frío tan intenso enciende el fuego espiritual.

Ese olorcito a río a kilómetros del delta del Paraná, nos recordaba que estábamos en la naturaleza, por momentos olvidada y víctima de la mano del hombre, que construye hacia arriba en vez de mirando hacia delante.

La sede era Pipa Tigre y la gente iba llegando de a poco, haciendo yunta uno con otro y sin apuro… a fuego lento. ¿Que apuro había? El show cambió de fecha y el gran momento estaba llegando: hoy es!

Bien entradas las 22 y en un lugar repleto, el tiempo se detenía y la gente esperaba ansiosa para verlo nuevamente.

Así arrancó el show, ajeno al tiempo, y las mil voces esta vez no ahogaron nada, sino todo lo contrario. Las miradas se hicieron claras con las luces del escenario y todos alcanzaron la paz: el show había empezado, la enfermante histeria había quedado de lado y, buscando acomodarse entre la gente, los sueños metaleros se hicieron realidad.

Buenas noches, dijo Don Ricardo, presentó a parte de la banda y, luego de ajustar algunos detalles técnicos chiste va chiste viene, llegó el momento del Triunfo, de su triunfo, el cual, ya ahogado nuestro contrincante, hacemos todos propio y lo celebramos con él, por haber sido todos parte del aguante y, sobre todo, por haber ido siempre con la verdad para adelante.

Todo este tiempo que Iorio pasó de escenario en escenario cantando para su público, fue honrado sentidamente cuando todos juntos cantaron de Los Pagos del Tiempo. Con el alambre ya cortado, la libertad y sus vestigios, que no hizo falta buscar por fuera, juntos celebramos hasta que la emoción nos masticó el alma.

El paso del tiempo siguió siendo el protagonista y haciendo Memoria con el siguiente tema, nadie se engaña. Ya librados del vencido, recordamos a los ídolos caídos y cada cual cubrió su lacra sin buscar un responsable.

Esa noche del viernes fuimos todos Presa Fácil, mas no de la policía, sino de un sentimiento inexplicable que certificó, en vez de detenidos, que el heavy nacional, más que nunca, está muy vivo.

Al Pájaro lo oímos todos, al tiempo que soñamos con liberarnos de nuestra pena, la que se desvaneció mientras duró el tema y, dormidos ya, no quisimos despertar.

¡Claro que sí! dijo el maestro cuando terminaba, y mientras tanto nos instruía sobre el gran Carlos Gardel.

El sentimiento se hizo indiano en los corazones y la madre tierra y padre sol hicieron sentir el orgullo nativo, el que parió aquél canto, que durante toda la noche, se hizo eco en uno solo y mil voces a la vez.

“Con mis temas hago lo que quiero” dijo, (con otras palabras -que se grafican por sí mismas-), y largó al Toro a correr por la Pampa, para disfrutarlo entre todos, entre amigos.

Con El Diego en la pantalla y una canción que se apiadaba de nuestras piernas fatigadas de saltar, fuimos todos al receso.

En busca de un breve descanso y las fuerzas para seguir, volvimos a la realidad, aunque sea por un ratito, con unas ganas inocultables de que la banda vuelva a sonar, y suene y suene, y nunca más deje de hacerlo.

Subió Carina Alfie al escenario y nos preparamos todos para seguir con el banquete.

Con doble entrada volvió Ricardo y siguieron los clásicos, esta vez, los de allá por San Nicolás.

Fue el turno de aquel, quien con el anhelo de sentirse muy cerca de las soledades vivientes, y aprovechando el apagón de la cuidad, Robó un Auto para trasladarse. Junto con él, nos trasladamos todos nuevamente a aquellas épocas de haches y estrellas pintadas en las paredes… ¡Que temón!

El riff inconfundible de Justo que te Vas nos estrujó el alma, dejando claro que los tiempos son y no son, pueden ser o no ser mas lo que será nadie lo sabe. Lo que tanto dio y nunca negó, en cambio, quedará entre su público para siempre y a pesar de que la vida es corta. Su público sabe, Maestro, que estará esperando el convide, y con una mas, tan sólo una canción seguirá llegando a donde cada uno esté.

Habló de lo sucedido con a Santiago Maldonado y recordó a su cuñado desaparecido, introduciendo así quizás uno de los mayores clásicos de su historia. Atravesando todos los límites, llegó nuevamente a las entrañas de la gente que lo miraba al tiempo que cantaba con desaforo esa pieza de la historia.
Pasó este enorme tema mostrando, como otras veces ha hecho, su íntima conciencia de cantautor impecable, quien siempre con la frente en alto y rebelándose a perderlo, sigue cumpliendo su destino sin nada a nadie deber.

“Iorio es un pobre hombre”, dijo y presentó a su amigo Ciro, quien prometió cantar para el público metalero una vez recuperado de su voz.

Cuando duerme la Cuidad explotó el lugar y, con la gracia que sólo tienen los sabios, revivió la eterna duda, ¿seguirá buscando un nuevo amigo que no se abra de piernas? Quizás como aquellos que ya están en Del Mas Allá esperándolo, a quienes les dedicó la siguiente canción recalcando “todo lo que es más allá de la muerte, es anticomunista”.
“Si unos pocos pueden más que unos cuantos, que esos cuantos no lo olviden fácilmente”, parafraseó a León Gieco y se lanzó a Ser Humano Junto a los suyos a puro metal pesado, en este eterno show que ya iba tranquereando.

Se despidió con A Vos Amigo y, una vez más, gracias las cruces de Black Sabbath, la séptima estrella y la concha de Dios, el público se unió en un solo canto que, aunque pase el tiempo, no piensa callarse…

Olelé olalá, no sigo la frase porque a él no le gusta… Hasta la próxima, salud!

Cronica Emanuel Engel

Fotos Fernando Delucio

 

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