Crónica:Alejo Paredes
Fotos: Samuel Claros
cc Nacho Ortuño
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Ale dice:

En mi entrevista con ellos una semana antes, les pregunté a Sevelhumano cuál había sido su concierto más memorable. Estaba engripado e hice muchas preguntas boludas esa tarde, pero en su cordialidad los miembros del grupo de Luján me dieron una respuesta más que satisfactoria. “Uno muy memorable fue la presentación de nuestro primer disco”, refiriéndose a La Era de las Máquinas, lanzado en 2013. “Fue la primera vez que apostamos a un recital bien grande y fue una experiencia inolvidable.” Tal vez el sábado pasado lo hayan superado. Fue en Beatflow, en el corazón de Palermo, donde presentaron su estupenda segunda placa, Pictónico.

La velada inició algunos minutos pasadas las ocho. Aunque aún faltaban un par de horas para que tomaran el escenario, los miembros de Sevelhumano estaban ahí desde temprano, no sólo para ultimar detalles, sino para palpitar al máximo la noche. “Tenemos nervios”, me dijo el guitarrista Matías Tregoni, “pero nervios lindos.” Abrió otro grupo de Luján, llamado Enser; presentaron las canciones de su reciente EP debut, Albor (que puede escucharse en su Bandcamp y en Spotify). Con sus vigor, velocidad, y volumen acorde, marcaron la pauta para el resto de la noche.

La banda que siguió me sorprendió de la mejor forma. Para empezar, tienen un baterista y un percusionista. Su música varía los géneros que acabo de mencionar metiendo ritmos de reggae y la cumbia. Ah, y son de Munro, que es mi barrio.

Así que todo bien con Atropello Carregal, que siguen presentando Atropello Carregal y la Moral de la Naturaleza, su disco de 2014. Se movieron por su set con soltura, sacudiendo a todo el público de Beatflow. Hasta tuvieron invitados: tres miembros de  Oridios (que esa noche también se presentaron en City Bar junto a Jauretche, Doctor Brown y la Chancha Muda) los acompañaron en un tema llamado “Al fondo”.

No sigo porque sabemos a quién le pertenecía esa noche. Así fue como, a las diez y media más o menos, los parlantes de Beatflow pasaron, por algún motivo, la canción de La Pantera Rosa. Acto seguido se abrieron los telones y Sevelhumano tomó el escenario de Beatflow, iniciando el show propiamente dicho con “Espejismo Negro”, primer track de Pictónico.

Una caravana de seguidores, amigos y familiares de Sevelhumano se vino en combi desde Luján y copó el boliche. El cuarteto estaba de excelente humor; era imposible no ver la sonrisa en el rostro de Juan Ambiela, el vocalista, o la emoción de José Ambiela, el baterista, cada vez que aprovechaba una pausa entre un tema y otro para agradecerles a todos por venir. Y me refiero literalmente a todos: a la familia y los amigos, a los dueños de Beatflow, al sonidista, al productor de Pictónico Lucas Gómez, a los de prensa (gracias chicos) y a su plomo (quien tal vez se lo merecía más que nadie: hubo como quince cambios de guitarras). Hubo espacio para un invitado: el padre de Juan y José, que contribuyó unos guturales coros durante otro tema de Pictónico.

Muchas canciones de ese disco hablan sobre liberar la mente, que la mente es la mejor arma para apañárselas en este mundo. Esta filosofía, con el paso de los años, se va revelando como una actitud profundamente humanista. El sábado pasado, a Sevelhumano efectivamente se les vio el humano, y tal vez haya sido la noche más feliz de su carrera. Debieron estar ahí.

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