Siempre el anuncio de un Festival es polémico, en el buen y en el mal sentido. Están los que se alegran porque viene su banda favorita, están los que no se alegran porque no viene su banda favorita, están los que reniegan por los horarios, por la superposición, por el lugar, por el precio de las entradas, por los descuentos a último momento y por más cosas que confeccionan una larga lista. Lo cierto es que este tipo de Festivales están funcionando muy bien. Es llamativo por todas las cosas que describimos pero parecería que el Maximus nació para crecer y quedarse entre nosotros. Desde el Maquinaria fest, allá por el 2012, que no se hacían festivales que duren todo el día, donde nos visiten muchas bandas internacionales y nacionales, así que desde el año pasado el Maximus es un respiro, un poco de aire fresco que revive la esperanza.

Cuando se anunció que vendría Linkin Park junto a Slayer, Rob Zombie, Ghost, Five finger, Hatebreed, Prophets y más fue una sorpresa enorme, no solo por los estilos variados de las bandas convocantes sino porque ya no se puede enmarcar en un festival de heavy metal, sino en algo más alternativo. El día pactado era el 6 de mayo, en el predio de Tecnópolis.

__________________________________________________________

Evento: Maximus 2017
Hora de la felicidad: 12:00hs
Lugar: Tecnópolis

Era un día soleado, húmedo, que prometía quedarse así, sin lluvias ni vientos que complicaran el evento al aire libre. Acercándonos al lugar ya se podía ver como muchos caminábamos en la misma dirección. Los controles “adecuados”, con el visto bueno de la gente de gendarmería que revisaba a los ingresantes, fue uno de los tres pasos previos para, finalmente, pasar tu ticket por un molinete. Desde el ingreso hasta los escenarios había un larguísimo trecho, de como 250 metros.

Al llegar, veías de frente los dos escenarios principales, el Maximus y el Rockatansky. En el principal ya se encontraba tocando la banda estadounidense Red Fang. Pudimos ver que tenían aguante de un grupo de personas que agitaban frente al escenario mientras Bryan Giles, cantante y vocalista de la banda, combatía el sol de la 1 de la tarde. Realizaron un set corto, pero efectivo que dejo sonrisas y a los que no pudimos verlo completo con ganas de más Stoner Rock.

“E’ vo’ mozo puto habilita la cerveza!” – Habilita la cerveza.

Tras un breve intervalo, llegó el momento de que Asspera pisara el escenario secundario, haciendo sonar los acordes de “El peaje más caro del mundo”. Con la ironía y desfachatez que los caracteriza pero con un sonido firme y contundente que explica como una banda de metal “bizarro” está dentro de las que mejor sonido tiene. Un paso al frente para dar lugar a otros hits que fueron coreados por hombres y mujeres por igual, sin lugar a la vergüenza en temas como “Me cago” que terminó con rollos de papel higiénico rodando por el pogo. A ellos siguió “Gorda puerca”, “Sí, ya sé” con el rubio salvaje en las guitarras y luego pasaron por “Hijo de puta” y “Habilita la cerveza”. Para completarlo estuvo el Dino en los coros y Richar se la paso pidiéndole al publico que “Abran, abran más” para los pogos, y sus pedidos fueron cumplidos. Asspera pasó por segunda vez por el Festival, con un horario más amigable que el año pasado, sin bandas tocando en paralelo (la banda tenia su horario a las 13.20 pero toco en el espacio de Hatebreed, que les cancelaron un vuelo y llegaron tarde, pero ese es otro capítulo) y con la certeza de que desparraman odio y amor en igual medida.

Seguía avanzando la jornada y el sol pegaba fuerte, era un día ideal para estar tirado en el pasto escuchando música. O para recorrer los atractivos del lugar, que eran los mismos del año pasado y para muchos ya era algo repetido. Me estoy refiriendo específicamente al cementerio con las lápidas que recuerdan a músicos fallecidos, a la mini expo de motos y a la posibilidad de sacarte una foto con todos los góticos lookeados que circulaban por el predio.

Cerca de las 15hs en el escenario principal, estaba por comenzar a tocar Böhse Onkelz. La banda alemana que era el plato fuerte de la tarde! Me sorprendí gratamente al ver que la banda tenía muchos fanáticos que estaban esperándolos, y esto se confirmó cuando empezaron a corear las canciones. Si estabas adelante de todo el bombo de la batería te perforaba el pecho, temblaba todo y lo hacía sin distorsiones, el sonido estuvo a la altura de las circunstancias. La interacción entre la banda y el publico era más cálida de lo pensado. En su lista de temas recorrieron parte de su carrera, arrancando con “10 Jahre” un tema de 1990. Kevin Russell cantante de la banda, alentaba al público saludando en un español rígido pero que generaba empatía. Al mismo tiempo estaba por empezar a tocar en el tercer escenario, el Thunder DomeMelian, así que abandonamos a los alemanes y partimos hacia los argentinos!

“Prefiero morir de pie a tener que vivir de rodillas, equivocarme defendiendo todo lo que siento” – Errores

Thunder Dome era más que un escenario, a diferencia del año anterior que el tercer escenario funcionaba en un gazebo a un costado, esta vez estaba en una especie de galpón rectangular. Un lugar cerrado, donde el sonido y las luces hacían estragos. Cuando llegamos, como si nos hubiéramos sincronizado, los chicos recién salían a tocar. “Errores” fue la segunda más coreada y tras ella, se presentaron “Nosotros somos los Melian, para los que no nos conocen”. Al pie del escenario estaban los fans, que se rompían entre ellos, agitando, cantando y golpeándose(!). Un Alejandro Picardi atento que alentaba al público diciendo: “A ver los que ya saben como funciona” y haciendo un gesto con las manos para que armen una ronda. Un público joven que estaba en estado de ebullición y compensaba las voces bajas por momentos, aunque el sonido se fue emprolijando de a poco. Promediando el cierre de la presentación de Melian era casi inevitable saber que iba a llegar “Montañas” hiper coreada por todos. Para cerrar nuestra reseña, les preguntamos como lo vivieron y nos dijeron “Increíble la verdad, la pasamos muy bien en todo sentido”.


Cerró Melian y el festival seguía, aún faltaban muchas bandas y yo trataba de rastrear para cuando se había reprogramado el show de Hatebreed; sólo encontré un papel pegado en la puerta del Thunder Dome donde decía que tocaban de 17.50 a 18.30, lo cual hizo ruido porque ellos debían tocar en el escenario secundario, pero igual me puso contenta porque sabia que ese galpón iba a la perfección con ellos. Recorriendo el lugar, ademas, podías ver los puestos de hidratación de Pogopedia, que eran simplemente lo más y colaboró para que el SEC (socorristas) no tenga demasiado trabajo.

“From the altar… “ – Ritual

En el escenario secundario ya estaba el telón de Ghost listo, una especie de altar del mal esperaba al Papa y a sus discípulos. Con toda la parafernalia incluida salieron a escena encarnando “Square Hammer”, de su último disco de estudio “Popestar”. Esta era la excusa de su visita y ademas responsable de su Sideshow que tendrá lugar el lunes 8 de mayo. Entre el público, todos vimos al muchachito vestido a lo cosplay (!) de Papa Emeritus y a los de las caras pintadas! También a las familias enteras coreando a la banda y a los nenes a cococho con sus remeritas de “The Popostar Tour”, todo muy tierno. Luego siguieron algunos clásicos como “Ritual” y “Year Zero”; a lo largo del set el sonido jugó algunas pasadas en contra, lamentablemente. Aún así la entereza de la banda fue contundente, teniendo semi en contra que los Ghouls son nuevos pero aún así se los vio funcionando como un equipo. La claridad del día complicó que se lucieran los trajes y el juego de luces. Papa Emeritus agitaba a la gente y gesticulaba todo a más no poder, y para la presentación de “Cirice” pronunciaba en español bastante aceptable: “Señoras y señores screaming for a heavy metal song”. Para el final dejaron “Mummy Dust” de “Meliora” y luego, sin más, se despidieron. Un show corto, con algunos altibajos escénicos, pero que dejó a todos los fans con ganas del Sideshow.

“Use my body to keep you alive” – Never Gonna Stop.

Tachamos a Ghost de la lista y seguía Rob Zombie, en el escenario principal. Con la intro de “Dead City Radio and the New Gods of Supertown” ya sonando empiezan a emerger los zombies(!). Rob lucía unos pantalones acordonados oxford y una camisa ancha con un gorro que se acomodaba todo el tiempo para tapar su cara. Así llegaron las conocidas “Superbeast” muuuuy coreada y “Living death girl” con la que lanzó al público unos muñecos inflables de aliens verdes, que pedía se pasen para el fondo, pero quedaron estancados dentro de la mochila de alguno/a. También tocaron unos covers de White Zombie “More Human Than Human” y “Thunder Kiss ’65” mientras peleaban con el sonido que, como antes, se fue acomodando a lo largo del show. Caminando por todo el escenario, saltando, y enredando aún más sus rastras se mostraba activo y más vivo que nunca aquel canta autor y director de cine, hoy refugiado atrás de Rob Zombie. De pronto pelotas de colores inundaron el campo e iban rebotando de unos a otros, vistiendo de color un show de muertos vivos. También Rob bajó del escenario, para cantar más cerca de sus fans y los de de seguridad hacían malabares para sostenerlo. Hitazos como “Never Gonna Stop (The Red, Red Kroovy)” y un sólo de Jhon Five siguieron con la fiesta. Rob, con un cambio de vestimenta, lucía una remera blanca con la inscripción “Satan Lives” y para presentar la siguiente canción le preguntó al publico si ¿Les gustan los Ramones? para darle paso a “Blitzkrieg Bop” un cover de ellos. Luego de unos  instantes regresaron para cerrar con “Dragula” y quedamos conformes con un setlist amplio y variado, donde tocaron los temas esperados e hicieron de sus 40 minutos un show festivo, bailado y coreado.

“I am just another man still fighting” – Honor Never Dies

Ahora era un momento de decisiones. Hatebreed tenía un horario y escenario re programado y este se superponía con la presentación de Five Finger Death Punch. Decidí cubrir el show de Hatebreed, por muchas razones. Creo que la que más pesa y les va a importar es que sabía que iba a ser un show especial, venían de estar varados horas en un aeropuerto, de perder dos vuelos y, como si esto fuera poco, no tenían sus instrumentos… lo que si tenían era un lugar y un horario, que, por obra del destino les calzó justo. Al entrar al galpón vimos mucha gente circulando, y mucha apilada a los pies del escenario. La visita de la banda era muy esperada por sus fans, ya que la última vez habían cancelado una gira que los traía junto a Napalm Death. Pero eso es pasado, hoy se reivindicaron haciendo hasta lo imposible por estar y cumplir. Un setlist definido de 40 minutos en donde el cuarteto se adueño de todo y de todos. Gente mosheando y feliz por no estar viendo a la banda con el sol de las 14.30hs y fusilados por el sol. Escuche a muchos quejarse por los malos tratos de la gente de seguridad que los sacaba del mosh, y hasta escuche a un pibe diciendo que una chica de seguridad se quedaba con las púas (!). La cosa se puso caliente cuando tocaron “Something’s off” y “Looking Down The Barrel Of Today” de su último trabajo discográfico “The Concrete Confessional” del 2016 y siguieron “Honor Never Dies” de “The Divinity of Purpose”, “To The Threshold” de “Supremacy” y la festejadísima “Destroy Everything”. Un Jamie Jasta emocionado al ver la respuesta del público, que cuando logra bajar un cambio cuenta y agradece que estaban tocando con los instrumentos de Slayer porque los de ellos no llegaron, ni las guitarras, ni la batería, ni nada. El público devoto de su banda preferida, hacia pogos asesinos, que ocupaban más de la mitad del espacio del galpón y se daban, al mismo tiempo, espacios para corear y festejar con los puños cerrados y en alto. Una unión linda y sentida que cerró una esperada visita. Lo que si hay que decir es que muchos no pudieron verlos, ni acercase de chusmas porque el cambio de horario y escenario no fue muy difundido, sólo había unas carteles en las puertas del Thunder Dome, lo que a algunos les molestó y mucho. En fin, el recital de Hatebreed fue una fiesta, que encerró mística códigos y alegría.

“Dance with the dead in my dreams” – Dead Skin Mask.

Salimos del tercer escenario, donde, ahora sí no tocaban más bandas. Y corrimos al Maximus Stage porque seguía nada más ni nada menos que Slayer. No hay forma de describirlos, a ellos y a su energía. Bestiales y firmes. Un cuarteto que venía esta vez sin Lombardo, baterista clásico de la formación, y con Paul Bostaph en su lugar. Una banda que desde que tiñe de rojo el escenario tienen a los fanáticos desgarrándose y a los que dicen: “A mi no me gustan, pero que  bien que suenan”. Empezaron con “Repentless” de su último disco que lleva el mismo nombre. Gary Holt (Exodus – Slayer) llevaba en su guitarra un parche con la inscripción “Hannaman”, obviamente haciendo tributo a Jeff y teniéndolo presente siempre. La luna llena reinaba sobre todos nosotros mientras las dos columnas de sonido a los costados estaban amalgamadas a la escenografía y cada tanto salían, de lo alto de cada una de ellas, unas llamas de fuego. Siguieron clásicos que no fallan como “Postmortem”, “War Ensamble”, “Mandatory Suicide” mientras de fondo caía un telón con la portada de Repentless (un cristo coronado con espinas). Llegó la coreada “Dead skin mask” que mostraba a un Araya quieto, cantando en el centro del escenario y esbozando sonrisas mientras evocaba cada palabra. Nos miraba y sonreía. La imagen menos satanista del mundo. En un quiebre del show, y con un cambio de telón, llegan los hits. Esos irrompibles como “Hell Awaits”, “Seasons in the Abyss”, “South of heaven” y “Raining Blood”. Palo tras palo con agite interminable y gente que salio del centro del infierno con heridas de guerra. Una banda que sobrevive al legado de Dave Lombardo aunque duela no verlo sentado en su silla. Una banda que se mantiene y aunque hayan tomado malas decisiones y hayan caído en los quilombos de plata, una banda que sigue de pie, haciéndote poner la piel de gallina. El cierre estuvo como siempre encarnado en “Angel of death” y tras aplausos y caras conformes, la banda se alejó.

“Yo quiero Fumar… mota” – Cypress Hill

En ese momento se empieza a escuchar una sirena como si fuera de un auto bomba, una sirena que retumbaba fuerte y que le estaba dando paso a Prophets of Rage. El supergrupo formado los de Rage Against the MachineCypress Hill y Public Enemy que se convirtió en una fiesta. Todo Villa Martelli los estaba viendo desde los que hacían la fila para comprar algo para comer, los que estaban tirados en el piso y los que agitaban más de cerca. La banda formada en el 2016 estaba armada hasta los dientes y venían a demostrarlo. Al menos por el momento son una banda de covers, porque todos los temas que hicieron eran covers de las tres bandas fundidas en este proyecto, aún así funcionó a la perfección. El sonido los acompaño implacablemente y el publico también. Las esperadas “Take the Power Back”, “Guerrilla Radio”, “Bombtrack” de RATM sacudieron el predio. La gente cantaba, alentaba y festejaba cada una de las canciones y hasta hubo luegar para el cantito: “Ole ole ole Prophets Propehts”. De Cypress Hill tocaron “How I Could Just Kill a Man” y como si no alcanzaran los covers de estas tres bandas, hicieron “Seven Nation Army” de The White Stripes. La fiesta siguió con “Killing in the Name” y “Bulls on Parade” de Rage y los protestantes decidieron cerrar con “Yo quiero fumar” de Cypress  Hill, una versión que terminó a capella y siendo coreada por los fans.

It’s so unreal… “ – In the End

A esta altura, todas las bandas habían pasado y sólo restaba una: Linkin Park. La marea de gente corría de un escenario al otro, para lograr ubicarse en un buen lugar. De frente al Maximus Stage, había dos arboles inmensos que obstaculizaban y complicaban la visión, sacando eso, la luna seguía brillante sobre todos nosotros y dio lugar a que bajen las luces y suene la intro que invitaba a la banda Nu metalera a salir a escena. “The Catalyst” fue la primera canción ejecutada, después de la intro. Chester vestido con un pantalón rojo, una campera blanca y una gorra azul anunciaba que se venía una del disco nuevo –“One More Light”-: “This song is call Talking to Myself” que bajó un poco las revoluciones. Es que Linkin Park tenía el doble desafío, por un lado hacer emocionar a los fans viejos los de la era mas rockera y por otro lado hacer lo mismo con los más nuevos, que conocieron a un banda menos pesada y más alternativa. En esta seguidilla, Chester decidió despojarse de su campera y camisa, para seguir cantando en cuero y contentarse con los gritos. También es de destacar que el sonido empezó algo débil y se fue emparejando a lo largo del show, aunque las voces, a mi parecer siempre quedaron algo deslucidas. También es cierto que de acuerdo a la ubicación uno percibía mejor o peor el sonido (nos fuimos moviendo y escuchando diferente). Lo que sí tienen la banda es una cohesión  impecable. Eran un reloj sincronizado que sabía que pasos dar y en que momento, bastaba con unas simples miradas para que todo fluya entre ellos. Pero no todo era fiesta. Mientras había algunos que estaban viviendo el mejor momento de sus vidas, otros miraban de lejos con el ceño fruncido y varios se iban antes.

A todo esto el setlist venía bastante variado, los estadounidenses pasaron por “Burn It Down” y “Castle of Glass” de “Living Things” (2012), “One step Closer” de “Hybrid Theory” (2000) y “Good Goodbye” también de su último trabajo discográfico. Para después pasar a los más clásicos como “Breaking the Habit” y “Somewhere I Belong” de “Meteora” (2003). En el momento donde mejor venía el recital, donde ya habían pasado por clásicos y tenían una hora de show encima, empieza a sonar la intro de “In the End”. Un mar de gente silenció a la banda y la ovaciono cantando la primer estrofa a capela, a puro grito y sentir. Después de tan linda versión y de los fans felices porque al fin le había llegado el turno a esta canción, pegan una seguidilla junto a “Faint” “Numb”. Que volvieron a ser motivo de cantos descontrolados y alegría en los fans viejos pero que volvieron a bajar las revoluciones de un cachetazo cuando pegada a “Numb”, suena “Heavy. El corte difusión del último disco de la banda, que provocó algunas decepciones por ser menos heavy de lo esperado. De cualquier manera el final estaba cantado, falta un hit y hubiera sido imperdonable que lo pasen por alto: “Bleed It Out”. Así Linkin Park cerraba el festival Maximus del 2017, una banda de Rock que se sobrepuso a íconos del metal.

Carla Torchetti

A %d blogueros les gusta esto: