Aprendí muchas cosas yendo al Data Festival. Una de ellas es que no me gusta ir a festivales. Tal vez porque el ruido me supera, tal vez porque me molesta estar parado, o tal vez porque no me gusta el alcohol, o tal vez porque estaba solo, o tal vez porque no me animo a bailar. Necesito tapones para los oídos y una novia.

Otra cosa que aprendí: la escena independiente está que arde. El Data Festival #4, que tuvo lugar como siempre en el Konex, presentó a cuatro bandas muy diferentes entre sí, pero todas demostraron que el futuro (de la música argentina, al menos) llegó hace rato. Las puertas se abrieron a las seis y media, dejando entrar a una fila inmensa de jóvenes que ocupaban la calle Sarmiento. Un rato después, una vez que la audiencia se acomodó, abrió la velada Louta.

Louta es el acto en vivo más fascinante del país. Esto yo ya lo sabía: estuve en el recital del año, el pasado 9 de septiembre en Niceto Club. Pero muchos de los “dateros” (si se me permite acuñar ese término para los espectadores del festival) se enteraron allí en el Konex, con las deslumbrantes canciones, coreografías y puesta en escena. O sea, el tipo se metió en una burbuja de plástico y cantó el fucking “Meneaito”. ¿Qué más quieren?

El frontman de Indios es más histriónico de lo que esperaba. En sus canciones proyecta a un chabón común cantando artefactos pop rock infalibles; en vivo es un desfachatado rockstar como las canciones de su nuevo disco, Asfalto, lo demandan. No pude evitar sentir un choque entre las canciones más simples y bailables del primer álbum (que salió hace cuatro años) y los temas más pesados de Asfalto. Estoy seguro que la banda irá cerrando esa grieta en sus siguientes presentaciones del disco.

Huevo comenzó su show poco después de que terminaran los Indios y fueron quizás la sorpresa de la noche, al menos para mí. Su concierto fue una actuación aniquiladora, con un setlist bien nutrido por las canciones de sus dos trabajos de estudio. Además, se dieron el lujo de tener a dos invitados: en el segundo tema se subió Louta al escenario, para meter algunos versos de rap, y hacia el final del set apareció nada menos que Javier Malosetti. Huevo es una de las grandes promesas del hard rock nacional.

Bándalos Chinos cerró el festival y también me enseñaron cosas: que su música en mis audífonos suena fría pero que en vivo cobra vida, se vuelve potente e innegablemente bailable. Fue una seguidilla de hits conocidos por unos pocos, que dejó a todo el público del Konex con ganas de más. Y cuando invitaron a un saxofonista amigo al escenario, se convirtieron en la banda ochentera que siempre quisieron ser.

Quizás los festivales no sean para mí, pero que eso no los distraiga: el Data Festival #4 fue un éxito y una experiencia enriquecedora. Espero con ansias el Data #5.

Por Alejo Paredes

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