Para algunos es pasado, para otros tradición: una noche de metal pesado – IORIO en José C. Paz.

Para algunos es pasado, para otros tradición: una noche de metal pesado – IORIO en José C. Paz.

Para algunos es pasado, para otros tradición: una noche de metal pesado

Esta vez la comunión se dio en José C. Paz.
Como la que nos recibía de pibes cuando nos íbamos de campamento con nuestros compañeros de la escuela, La Carpa de la Música se engalanó de aquel aspecto que a algunos –pacatos- les resulta jodido, por metalero y pesado. A las 20:30 se abrieron las puestas y ya no hubo más nada que hacer: ¡era noche de heavy metal!
Don Ricardo se aprontaba en camarines, junto con su amigo Ciro y los grandes músicos que lo acompañan cada vez, en un clima de amistad, familia y alegría.
La gente, a su vez, de a poco se iba sumando y canalizaba su impaciencia cantando, cada vez más fuerte los gritos de “baila la hincada baila” y, a pesar de que a él no le gusta, “olelé olalá”, generando este clásico ida y vuelta entre el artista que se hace esperar y el público que lo llama con ímpetu creciente.
Clavadas las 22:52 salieron los músicos al ruedo con un Walter Martínez merecidamente ovacionado (insisto, es el mejor baterista argentino de heavy metal) y, con un teclado casi gótico de Joana Gieco, arracó una Intro a la que se fueron sumando los platillos de Martínez, el bajo, las violas, y crearon un clima de calma alborotada, como aquella que antecede al huracán.
A las 22:54 el público explotó.
Casi a modo de parábola narrativa, al mismo tiempo que aparecía Iorio sonaba el riff de Tu Eres Su Seguridad, grabado a fuego en los corazones metálicos por su imponencia musical y la contundencia de su mensaje… ¿hay mejor manera de arrancar un recital? Les dejo la inquietud.
Dedicó unas palabras, sabias, en torno a la censura y a que, ciertamente, no somos todos iguales. Tuvo, nuevamente, razón.
Es que, me pregunto y les pregunto: ¿cuándo se equivocó? ¿Acaso hizo algo en concreto para que lo critiquen de ese modo? ¿O todos estos dimes y diretes son el ejemplo más palpable de la ignorancia existista que todos padecemos?
¿No resulta contradictorio censurar a alguien en pos de los derechos humanos? Todas esas críticas nacen y mueren detrás de una gran hipocresía fácilmente desechable ya que, en definitiva, cada uno debería poder decidir lo que quiera hacer.
Como dice el refrán: somos dueños de nuestro silencio y esclavos de nuestras palabras, y en este sentido, no creo que haya muchas personas tan coherentes como Ricardo Iorio, un hombre que siempre dijo lo que pensó, obró en consecuencia y pagó los precios por hacerlo, sin nada a nadie deber.
Volviendo a La Carpa de la Música, debo decir que hubo de todo.
Sonaron los clásicos, como Sentir Indiano, 1999, Atravesando Todo Límite y De Los Pagos del Tiempo, entre muchos otros.
También sonaron aquellos que se fueron convirtiendo en infaltables: Memoria de Siglos, Los Delirios del Defacto y Voy a Enloquecer.
Toro y Pampa se consagró, hace tiempo, como el himno de la amistad y homenajeó a todos aquellos que juntos lo entonaron con el alma… no podía faltar y no faltó.
Tampoco faltaron las piezas que estrujan en corazón de los seguidores… el público tuvo su momento de desahogo al grito de canciones como Guitarrera y Justo que te Vas.
En línea con la disyuntiva que titula esta crónica (casi narración), dijeron presente los temas de la época de Hermética.
¿Qué tendrá que ver?
La respuesta es simple para todo aquel que haya estado en al menos un recital de Iorio cuando suenan canciones como Robo Un Auto, Atravesando Todo Límite, Cuando Duerme la Ciudad, o hasta De Pismanta a Bauchaceta cuando anuncia el intervalo.
Si uno saca la vista del escenario y mira alrededor, podrá observar a decenas de padres y madres que con el pecho lleno de orgullo alzan a sus hijos, muchos muy pequeños, y cantan con ellos esos temas que les dejan de legado.
Esto no es poco. De hecho, es todo.
Eso es, ni más ni menos, la prueba cabal de que el mensaje que Iorio manda cada vez que sale a un escenario, trascendió las generaciones. Tanto aquellas que lo han podido ver como aquellas que no lo harán, pero que sin embargo podrán escuchar el legado que le llevó toda una vida construir y que ya no se perderá jamás.
Transformar el pasado en tradición… lo que muchos sueñan y pocos lograron. Siempre valdrá de ejemplo aquel que lo supo hacer y estuvo siempre dispuesto a compartirlo.

Nos vemos el 15 de diciembre en la próxima reunión metalera.
Hasta entonces les propongo que sigan junto al mental con su mensaje. Y que se sumen, porque vacilará si ustedes no están en este viaje.

Cronica : Emanuel Engel
Fotos: Fernando Delucio

 

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Fotos – Abe Prieto