Uno entre tantos de la patria grande; 9 de julio en Palermo

Uno entre tantos de la patria grande; 9 de julio en Palermo
Crónica: Emanuel Engel. Fotos: Fernando Delucio.

Si de celebrar las fechas patrias se trata, Iorio es un gran entusiasta. Desde antiguo,  el referente del metal pesado ha elegido fechas simbólicas de nuestra historia para celebrar junto a su público y amigos su sentimiento por nuestra nación.
La sede fue un Groove con entradas agotadas. Diego y Alejandra “Paca” (ganadores del concurso para presenciar un ensayo de la banda), junto a todos los seguidores del ídolo, eligieron ir hasta Palermo para festejar los 202 años de la Nación.
No sorprende que, tratándose de una fecha llena de emociones, fuera Larry Zavala el encargado abrir la noche y deleitar al público metalero, que de a poco entraba en calor esperando a Iorio.
Además de un ícono en el mundo metalero, Larry es un luchador eternamente comprometido con esta causa y, como su amigo entrañable, suele acompañarlo en sus shows con distintos tipos de participaciones.
El lunes pasado, el ex miembro de Nepal, quien incluyó sus clásicos en el repertorio, dio sin dudas una cátedra de rock pesado.
El show de Iorio lo abrió la banda tocando el himno nacional. Iorio salió al escenario muy contento y arrancó a cantar a toda voz Patria al Hombro.
El público arrancó el clásico Olelé, olalá y el ídolo lo barajó de entrada: “podemos decir Iorio es lo más grande, del metal pesau”, dijo entre risas, resaltando claramente las costumbres nacionales.
Siguió con Buitres y agradeció a todos por acompañarlo para dar entrada a Memoria de Siglos; la gente enloqueció.
Presentó a la banda haciendo mención a la princesita Joana, los hermanos León y los hermanos Martínez, y así siguió la noche, plagada de familia y amigos.
Otro amigo presente fue Clavo, quien entregó su famosa y prohibida Melodía Morfina.
Sonaron todos los clásicos: antes del intervalo, tocaron Voy a enloquecer, Lucero del Alba, Triunfo, Sé Vos, Amistades de tierra Adentro, Sentir Indiano y El Visitante.
Alejo la rompió con un solo lleno de tangos y folclores y, como es costumbre, clásicos de V8 y Hermética como Destrucción, Vida Impersonal y Revancha de América.
Volvieron con De Pismanta a Bauchaceta y luego del receso Iorio bromeó a los ansiosos que pedían a gritos que volviera a tocar: “me acuerdo cuando tocábamos en Cemento a las 4 de la mañana, esta es la hora del té” y recordó también épocas pasadas de su larga carrera.
La noche siguió junto a la infaltable compañía de Karina Alfie quien embelleció los temas Guitarrera, Atravesando Todo Límite y Justo que te Vas y así se fue arrimando a la tranquera: a puro rock y emoción.
El público acompañó hasta el final otra memorable velada en la que honrar a la patria fue un objetivo cumplido.
Después de todo: ¿hay mejor forma de celebrar la independencia de la patria junto a quien luchó y luchará hasta el final en busca de honrarla y defenderla?
Para cerrar, les dejo un segmento de un tema de José Larralde, otro grande que, también cantando, luchó por la causa nacional.

“No cualquiera tiene tripa pa ser macho
ni ser macho es un don que se lo arrienda,
tiene tripas el que canta las verdades
y se mete como potro entre la rienda.”

Generaciones de rock pesado: crónica de un ensayo anunciado

Generaciones de rock pesado: crónica de un ensayo anunciado

Generaciones de rock pesado: crónica de un ensayo anunciado

Crónica: Emanuel Engel. Fotos: Ferando Delucio

Así es, el ensayo estaba anunciado y los fanáticos participaron del concurso. Los ganadores tuvieron, junto con nosotros, el privilegio de presenciar un ensayo de la banda de Ricardo Iorio, que prepara una lista de temas que se las trae para el lunes 9 de julio en Groove, Palermo.
Joana Gieco,  los hermanos Alejo y Facundo León, encabezados por los míticos hermanos Rubén y Walter Martinez, repasan las canciones auspiciando un gran show.
No es casualidad que haga hincapié en la hermandad. Así es el clima que se vive en la sala de ensayo del barrio de Villa Crespo… una tarde en familia.
Dos familias son la columna vertebral del conjunto: los hermanos León y los hermanos Martínez.
Alejo León nos cuenta que él y su hermano llegaron a la órbita de Iorio allá por el 2015, cuando Almafuerte festejaba sus 20 años e invitó varios músicos a subir al escenario. Así fue que subió Alejo con tan sólo 15 años… ¡sí, 15 años! Iorio vio su talento y el resto es historia… la historia de un sueño cumplido para dos hermanos oriundos de Luján que tocaban los temas de su ídolo desde la cuna.
La otra dupla familiar es la de Rubén y Walter Martínez, quien nos cuenta que ellos también arrancaron a tocar de muy pibes; Rubén tocaba una guitarra criolla mientras Walter le pegaba a unos tachos con tan sólo 13 años.
“Yo tocaba y tocaba, pero ellos siempre tuvieron tremendos bateristas”, cuenta Walter, entre risas, haciendo referencia a Vorax, la ya consagrada banda metalera que por aquél entonces encabezaba Rubén, y a la que tuvo ocasión de incorporarse luego que su baterista tuviera algunos problemas de salud.
De esta manera recuerdan, en el descanso del ensayo, sus orígenes en la música, que explica el por qué se convirtieron, luego de mucho esfuerzo, en los tremendos artistas que hoy son.
Ricardo juntó a los cuatro, y el tiempo los honró con la cálida y alegre presencia de Joana Gieco, quien tuvo el desafío de adaptar los históricos temas a los teclados y, de esa forma, darles su impronta personal.
La talentosa Joana quien, a pesar de no cerrarse únicamente a un estilo musical, ya se convirtió en una referente del metal pesado.
El mate va y viene entre los artistas, su mánager Gustavo, los fanáticos, los niños también presentes, Julia y los fotógrafos y cronistas, todos trabajando en un clima, reitero, absolutamente familiar.
Digo hermanos, digo niños, digo familia; así se vive. Ni más ni menos, las horas pasan como en una familia que se juntó un día a la tarde alrededor de lo que los une: disfrutar del heavy metal y hacer que éste gran legado se trasmita,  una vez más, de generación en generación.
Los esperamos a todos el 9 de julio en Groove, Palermo.

Hasta entonces, ¡salud!

Entre clásicos musicales y de los otros. KAMIKAZE – Gier Music Club. 14.04.2018

Entre clásicos musicales y de los otros. KAMIKAZE – Gier Music Club. 14.04.2018

Por Sebastián G. Ruiz Díaz
Hay cuestiones que en el mundo del rock son tan viejas como el rock mismo y una de ellas y de las cuales podría escribirse un libro son los horarios y la puntualidad de los shows. Claro que hace años, cuando uno esperaba leer dicha información en la última hoja del suplemento más conocido del diario – lamentablemente – más vendido del país, era una cosa y hoy que ya es casi antiguo hablar de redes sociales debería de haber evolucionado, sin embargo se sigue sucediendo.
21 horas puntuales arrancaría Kamikaze, pero recién fue la hora de Sorcerer, cuarteto de power metal de la rama más pesada de dicho género, que se despachó con un show preciso de unos 40 minutos de duración y fueron muy bien recibidos por el público. Pasadas las 22 horas y con la información de que el recinto en cuestión de una hora, como de costumbre, abría sus puertas por fuera de los shows programados, Ángel Negro comenzó su presentación a puro metal clásico con un cantante que sostenido en una banda muy firme alcanza registros admirables y dignos del estilo. Un show a la altura del evento, que se vio opacado en varios momentos debido a que le bajaban desde la cabina de sonido el telón del escenario en clara señal de acortar tiempos, sin respetar en lo más mínimo el trabajo de quien está en el escenario y obligándolo a expresar claramente que los dejen terminar la lista.
Así se llegó a las 23:30 horas. Si, dos horas y media después de lo pactado y tras una pequeña intro acústica el cuarteto subió al escenario de Gier. “De metal” y “Sacerdote equivocado” – dos clásicos traídos desde mediados de los 80 – fueron los elegidos para darle inicio a un show parejo, pero con unos cuantos detalles a tener en cuenta. Tres temas de su último disco siguieron en la lista “Al matadero”, “Dueño de los cielos” y “Cazador”, momento para presentar a los músicos ante un público que estuvo gran parte de la noche más observador y filmando con sus celulares, que agitando. “Esta es mi piel” tema nuevo y oscuro, vendría previo a la invitación de Martin Parolari en batería para hacer “A fuego y metal” y terminar esta primer parte del concierto con una canción del segundo disco de la banda,“Ciudad sin Alma”.
Bajo y batería afuera para darle lugar a un pequeño set acústico que diera descanso a tanto machaque, distorsión y doble bombo. Solos Miguel Oropeza y Nicolás Tobar al frente del escenario para versionar primero “La amistad es lo que cuenta” y después “Mona Lisa” para cerrar – ya los cuatro juntos con “Save me” de Queen.
“Todo el tiempo vigilas”, “En la red” y “Mira hacia lo alto” fue la trilogía de canciones que seguían en la lista. “No me detendrán” con un solo de viola impecable y muy sentido, todo lo opuesto a lo que sucedía tras la batería donde de forma increíble en la pantalla se intercalaban por momentos el nombre del local, innecesario totalmente, con el logo de la banda pero diminuto y en el centro de la misma, como proyección del escritorio de PC de quien manejaba dicha pantalla. En medio de estos detalles olvidables, pero que existieron, llegó el último tema “Después de la tormenta” otro clásico, de los cuales la banda tiene para elegir en su discografía.
Kamikaze es una banda muy particular, tiene 3 discos que son ineludibles a la hora de escuchar a quienes forjaron allá lejos y hace tiempo el estilo en este país. Podríamos hilar fino con respecto al tercero, puesto que quien lleva adelante esta nueva etapa no participó, pero me tomo la libertad de incluirlo. Luego vino lo nuevo, 20 años después y otro impasse que ya lleva 7 años en cuanto a material fresco. Cambios continuos de integrantes y puntualmente en esta nueva etapa un cantante el cual posee un talento que a quien escribe le llevaría varias vidas desarrollar, pero que aún no logra conectar en un ciento por ciento arriba del escenario, son una combinación que hace difícil evaluar a la banda.
Si a esto le sumamos los detalles mencionados de la fecha y de los cuales – es sabido – los músicos no tienen responsabilidad alguna, quizás sería dar un veredicto no demasiado real de la cosa. Pero para quienes Kamikaze fue y será parte de nuestra vida celebramos siempre que sigan sobre los escenarios valorando el esfuerzo y todo lo que dejan abajo y sobre el mismo por mantenerse vivos ellos y el género que tan bien representan por más que pasen los años que pasen.